Hija de cristalero, la sexta de siete hermanos, desgarbada muy delgada… esta auxiliar de enfermería nacida en Cádiz en 1969 lleva ya diecisiete años haciéndonos reír en televisión  y en el teatro. Paz Padilla no confía en los pelotazos ni en los premios, y contaba hace un par de semanas en el Magazine de El Mundo que todavía hoy no le cuesta pensar que está en televisión y es popular, pero que es consciente de que “algún día esto se acabará. Es bueno tenerlo claro y valorar lo que tengo”.

Diez años pasó trabajando como auxiliar de enfermería en el Hospital Universitario Puerta del Mar de Cádiz. Repartía los desayunos, la medicación, lavaba a los enfermos, los trasladaba de un lugar a otro… pero todo lo hacía provocando una sonrisa. Cree Paz que hay que reivindicar el humor frente a los que sólo valoran el drama. Le saca de sus casillas que se considere al humor algo inferior. Cuando hizo la película “Cobardes”, un productor le dijo “Esto sí me gusta y no las minucias que hace en televisión”. Incluso llegó a dudar “pero reflexioné y me dije que llevaba muchos años viviendo del humor. Si me había dado estabilidad y reconocimiento, ¿por qué iba a huir?”.

Ahora vive un momento de máxima popularidad gracias a “Sálvame”, y cree que el secreto del programa es que saca lo mejor y lo peor de los que trabajan en él “es curiosísimo, sufrimos un efecto parecido al de Jekyll y Hyde una vez que se enciende el piloto rojo de la cámara. Por ejemplo, en Sálvame me peleo con mis compañeros porque me tengo que imponer, cuando en la vida real no discuto con nadie. A veces me río muchísimo y otras, hay bronca y me enfado. Estoy allí como una madre con siete hijos”.

No entiende que en la televisión se tenga que ser eternamente joven, y ya le han dicho varias veces que tiene que ponerse botox. Para cuidarse, Paz tiene su propio secreto: comer seis veces al día: “Si estás constantemente comiendo, el organismo cree que hay exceso y elimina. Pero si distancias las ingestas, se acumulan. Además, mi médico dice que soy pirómana, porque lo quemo todo”. No se le da mal cocinar y prefiere los productos frescos y la cuchara, y siente pasión por el foie. Lo que no soporta es fregar “por eso, cuando hay fiesta en casa, llamo a mi amiga Montse, porque ella antes de irse a la cama ya lo tiene todo limpio”. Se reconoce hipocondriaca y cuando le duele la cabeza piensa rápidamente que tiene un tumor al que ha puesto nombre propio “para quitar hierro al tema, me digo ya está aquí el Jeremy. En el fondo lo que reclamamos los hipocondríacos es más atención, más cariño”.

Adicta a Internet, siempre procura tener el último cacharrito que ha salido al mercado. Ese es su gran vicio, porque el tabaco lo ha dejado “estoy feliz. Lo he hecho por mí, por Jeremy y por mi hipocondría. También por no tener que depender del tabaco”. En cualquier caso, cree que el alcohol es mucho peor que fumar. Le preocupan los botellones de los jóvenes y la presión social “cuando digo que no bebo ni una cerveza ni vino ni nada, siempre hay alguien que me dice ¡qué rara eres! Pero a mí es que me emborracha hasta una cerveza sin alcohol”. Por ello, está obsesionada por el futuro de su hija Anna, de 14 años, y trata de darle pautas para evitar todo tipo de consumo de drogas. Define a su hija como “muy seria y responsable, como casi todos los hijos de padres separados”. Habla Paz con afecto de su ex marido, Alberto Ferrer, con el que se lleva muy bien “cuando viene a Madrid, se queda en casa”, pero describe su separación como uno de los episodios más duros de su vida “no paraba de llorar, sentía que los pilares de mi vida se tambaleaban. Además, tuve que criar a mi hija sola y eso da mucha inseguridad”.

En el amor es muy antigua, y se la conquista con flores o una cena romántica. A la pareja le pide respeto y sobre todo que tenga buen corazón. Comparte su vida con Jesús Duarte, catalán y su manager “siento una atracción especial por los catalanes, porque son muy respetuosos y sé que nunca me van a defraudar”. Sólo busca tranquilidad y estabilidad. Afirma ser muy sencilla “me gusta la vida muy normalita. Quiero días largos donde el agua no se mueva mucho” y cuando se mira al espejo, ve a una Paz Padilla que está muy bien para los 43 años que tiene.  Al contrario que suele hacer todo el mundo, ella no se quita años, sino que se pone dos o tres más “utilizo este truco de toda la vida y así la gente siempre me encuentra estupenda”. Es que estás estupenda, Paz, por dentro y por fuera.

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