En el suplemento La otra crónica del diario El Mundo, la periodista cuenta cosas que todos queríamos saber.

Nació en Orense en 1951, pero lleva 36 años viviendo en Barcelona. Se confiesa una rebelde “Si me dicen que algo debe hacerse de una manera, yo hago lo contrario”. Ya en los 70, cuando el president Tarradellas exigía que las mujeres llevaran falda para entrar en la Generalitat, Chelo se plantaba unos pantalones. Y no se los ha quitado. No pertenece a ningún club, asociación ni sindicato, y tiene DNI porque no tiene más remedio. Reconoce ser la oveja negra de los periodistas televisivos porque defiende el derecho a la intimidad, pero también tiene otro principio claro: “Si tú me cuentas algo a nivel personal, por muy periodista que sea, no lo voy a contar”. No pertenece a ningún partido, pero es de izquierdas y nunca votará a la derecha.

Aclara que nunca estuvo casada con Parada, pero que vivió con él casi diez años: “Cuando viví con él, era un tío maravilloso. Yo me enamoré de Parada y él se enamoró de mí; y luego nos desenamoramos, y punto”. Ahora, sí está casada. Se casó hace cinco años, cuando se aprobaron los matrimonios de personas del mismo sexo. Y deja claro algo: “No soy homosexual. Soy bisexual. Soy un ser humano que se enamora de las personas. Estoy harta de que me llamen lesbiana. No me gustan las etiquetas”.

No contempla la adopción porque está muy volcada en su trabajo “Para no criarlo, para que otra persona cumpla mis funciones de madre, prefiero no adoptar” y suple su maternidad con niños que la rodean, como su ahijado Filipo, Sacha Thyssen, la niña de Isabel Pantoja… y asegura que Sofía y Ángel Cristo Jr. son como sus hijos. La madre de Chelo murió cuando tenía 11 años, y su padre la enseño todo lo que tenía que saber. Murió en 2001 y fue el día más triste para ella “con la muerte de mi padre hay un antes y un después en mi forma de ser y de pensar” afirma.

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