Alfonso Díez ha demostrado ser un señor, abandonando el Palacio de Dueñas sin hacer ruido.

Las personas que han tratado de cerca al viudo de la duquesa de Alba, no tienen más que palabras de admiración hacia él. Encantador y discreto, ha demostrado que quería mucho a su esposa, dejando sin argumentos a quienes abominaban de un matrimonio tan desigual.

Su visible dolor en la despedida a doña Cayetana, sus lagrimas inconsolables y su rostro desencajado, nos emocionaron a todos y logró disipar cualquier duda sobre sus sentimientos.

Ni un recuerdo se ha llevado de palacio -teniendo en cuenta lo valiosa que puede ser cualquier fruslería en un lugar así- y tan solo ha recogido su ropa y objetos personales, y su extensa colección de DVDs, películas que compró para ver junto a su esposa.

Alfonso nunca pidió nada, afirma Carmen Tello, y no es cierto que le pusiese un piso. Ella pagó la entrada del que compró en Sanlucar, pero la hipoteca la asumió él. Renunció a todos los derechos que podía tener por casarse con doña Cayetana, pero como viudo le pertenece la cuota liberada del 26% del tercio de mejora, según informa Heraldo de Aragón, por ello los hijos de la duquesa le van a otorgar una pensión vitalicia, como era su deseo, pero en ningún caso serán 6.000 euros, posiblemente será menos de la mitad.

Seguramente, Alfonso Díez no volverá a su puesto de funcionario, ya que este año alcanza la edad de jubilación.

Pero, lo mejor que se lleva Alfonso, sin duda alguna, además del recuerdo de los años pasados junto a su querida Cayetana, es no sólo la aceptación, sino el cariño de sus hijos. Lo recibieron con la mayor de las desconfianzas por decirlo suavemente, pero han acabado sintiendo sincero afecto y admiración por su persona. El propio Cayetano Martínez de Irujo ha declarado que “Alfonso es una persona excepcional y una bendición para mi madre en sus últimos años (…) espero tener una relación estrecha y afectuosa con él, para siempre”.

En los mismos términos se expresó Fernando Martínez de Irujo “Alfonso es una bellísima persona, que seguirá en contacto con toda la familia”.

Los Alba, invitaron a Alfonso a la cena de Nochebuena, pero él prefirió pasar esa fecha tan señalada con sus hermanas en Madrid. Una muestra más de su discreción. Un señor de los que quedan pocos.

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