Este miércoles 4 de junio, Concha Velasco será operada del linfoma -cáncer linfático- que le ha sido detectado tras sufrir una peritonitis.

Estos días se le habrán practicado las pruebas para determinar el grado de su enfermedad, y tras la intervención , deberá someterse a quimioterapia, que es lo que más asusta a la actriz. Como nos pasaría a todos. Según contaba a Hola esta semana, quiere animarse para tratar de hacer la vida normal que los médicos le recomiendan, pero reconoce que se hundió cuando le dieron la noticia, y ahora se arrepiente de haberse derrumbado, porque quiere ser fuerte. Pero, pide también que le dejen afrontar la quimioterapia, y que no la estén obligando a salir “que me dejen llorar un poquito también” ya que siempre ha tenido que estar tirando del carro sin poder permitirse descansar.

Cuenta Concha que empezó a tener dolores de vientre en diciembre, pero quiso seguir trabajando y no fue hasta el 1 de abril cuando sus hijos la llevaron al hospital. La operaron de peritonitis, después de una hernia y posteriormente la extirparon unos ganglios en el pancreas. Parece que fue esa la intervención crucial que dio el diagnóstico que hoy conocemos.

Sus hijos, Manuel y Paco, son su gran apoyo, y también afirma que le va a ayudar mucho rezar “soy católica y me gusta serlo. Hay quien te dice que Dios no existe, pero yo quiero que exista”.

Hay que destacar estas palabras de Concha Velasco, que todos deberíamos aplicarnos a tiempo: “Añoro no haber disfrutado de la vida cuando tenía todo y siempre me estaba quejando. Me quejaba de ir a Formentor, ¡Y lo que yo daría ahora por poder ir a Formentor!”.

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