Un portavoz de la Casa del Rey ha mostrado su sorpresa ante la difusión de unas cartas que el Rey Don Juan Carlos escribió a su hijo, el Príncipe Felipe, cuando éste era adolescente, por tratarse de una correspondencia que pertenece al ámbito privado del Heredero de la Corona.

tem49_pazmoriente4.jpg Numerosos expertos y personalidades, han calificado los consejos que le da el Rey al Príncipe como “sabios y acertados”; y es que, dificilmente se puede explicar y enseñar el oficio de Rey mejor que como lo hace Don Juan Carlos en las misivas a su hijo.

Las cartas fueron enviadas por el Rey al Príncipe cuando éste se encontraba estudiando en el Lakefield College School, en Canadá, entre el 5 de septiembre de 1984 y el 6 de junio de 1985.

00000101361.jpg Los escritos aparecen en el libro “El Príncipe y el Rey” cuyo autor es el periodista y escritor José García Abad.  Se puso a la venta ayer y  está editado por Ediciones El Siglo.  

Se desgranan párrafos comoDispones de comodidades, de beneficios y podríamos decir que hasta de caprichos. […] Hay que haber carecido de lo imprescindible para apreciar lo que es tener más de lo necesario. Y tú debes esforzarte en comprenderlo puesto que siempre has tenido la suerte de que no te falte nada”.  (…) Hay que aprender a escuchar mucho, a escuchar con atención, para no ofender a quien te hable, al ponerle de manifiesto tu indiferencia; pero también a hablar con medida, de manera discreta, con amabilidad y buen tono, con sencillez y sentido del humor. Saber callar es tan difícil como saber hablar  (…) Has de mostrarte animoso aunque estés cansado; amable aunque no te apetezca; atento aunque carezcas de interés; servicial aunque te cueste trabajo”.

Descubrimos a un Rey cariñoso y con gran soltura y vocabulario a la hora de escribir estos consejos de un padre a un hijo que tiene una gran responsabilidad por delante.

Tienes que ser ejemplar y acertar a establecer la graduación necesaria para que tu simpatía no caiga en excesiva confianza; para que tu prudencia no se interprete como indiferencia o evasión; para que aunque tengas el orgullo de ser quien eres, no aparezcas como orgulloso; para que sepas tender la mano a todo el mundo, pero cuando la tiendas, sea la mano de un Príncipe o de un Rey. Piensa que te juzgarán todos de una manera especial y por eso has de mostrarte natural, pero no vulgar; culto y enterado de los problemas, pero no pedante ni presumido”.

El autor incide en el libro en la idea de que en la Monarquía, lo que importa es la persona, no la institución. 

Por Carol Ortiz

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