Amador Mohedano se sentó este viernes en el plató de Sálvame Deluxe, a pesar de los improperios que dedicó al programa y a sus colaboradores hace unas semanas.

El ex marido de Rosa Benito ha reconocido que acudía al programa porque necesitaba el dinero, y ha justificado sus palabras hacia Sálvame “estaba muy nervioso y sin ganas de nada”.

Apareció Amador caminando a lo John Wayne y tardando un verano en llegar al chester donde le esperaba Jorge Javier. No se quitó el sombrero en ningún momento, ni tan siquiera cuando se levantó a recibir a Belén Esteban y Mila Ximénez y las saludó con dos besos. Sigue mucho más delgado que antes de entrar en Supervivientes.

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Empezó la entrevista conciliador, asegurando que nunca le molestó el triunfo televisivo de su ex esposa, aunque no llevaba bien que en el programa se riese o bailase “con los mismos que le habían dicho esto o lo otro”. Sí admitió que lo que habia hecho públicamente Rosa le parecía “una barbaridad” aunque él también ha metido la pata y se ha arrepentido, y le consta que ella lo ha pasado muy mal, al igual que él. Se sintió humillado cuando ella le visitó en la isla y le trató con frialdad, porque él pensaba de verdad que podían tener una segunda oportunidad.

Tras confirmar que ocultó a Rosa muchas de sus deudas y las cartas de Hacienda, porque no quería disgustar a su mujer – que era muy hormiguita- y que el premio de “Supervivientes” fue destinado a pagar algunas deudas que Rosa ni sabía que existían, declaró que siempre ha estado muy enamorado de Rosa y que tenía locura por ella “la he perdido por mi mala cabeza”. Aún lleva su alianza y dejó claro que su ex mujer era “una buenísima persona”. Eso sí, ya ha descartado volver con ella como matrimonio.

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Sobre infidelidades, Amador sólo reconoce una durante su matrimonio, y en cuanto a su relación actual con Jacqueline, asegura que la quiere mucho, pero que “estar enamorado es otra cosa”. Dice que Jacqueline es una compañera que le ha venido muy bien y que le entiende.

Después, llegó el momento de enfrentarse a los colaboradores. Juró que Rosa nunca filtraba ni creaba historias para ir más días a Sálvame – ya que ella llevaba fatal las semanas en las que iba menos días al programa – pero sí mostró su desagrado porque enseñase a sus compañeros los mensajes que él le ponía.

Desmintió que tuviese problemas con el alcohol, al contrario, asegura que sólo se toma una cervecita antes de comer, pero lo más sorprendente llegó cuando Mila Ximénez le preguntó directamente por las amenazas de “contar lo que sabía de Mila“. La periodista cogió el toro por los cuernos y le espetó nada más salir: “A ver, dime qué es eso que sabes de mí”, y él reconoció que no sabía nada más que “lo que había oído decir”. Vamos, el parto de los montes.

También fue al grano Amador cuando les dijo a los colaboradores que lo que más le había dolido es que se metieran con su hija Chayo, pero ellos contraatacaron preguntándole cómo se sintió él cuando su propia hija le acuso de haberle estafado y de estar obsoleto como mánager “me sentí muy mal, pero no la estafé, ella estaba confundida, era que no había ingresado lo de Hacienda…” miedo nos dan las justificaciones de Amador cuando se trata de dinero.

Y entonces… apareció Belén Esteban, dispuesta a reclamarle los 6.000 euros que asegura que le debe. Lo curioso es que Amador asegura que ella la que debe dinero a él.

Todo ocurrió cuando Belén fue contratada por Rafael Amargo para actuar en el Carnaval de Tenerife. Amador era en esos momentos el representante de Belén, y negoció un caché muy superior al que finalmente recibió la princesa del pueblo. Concretamente 5.400 euros menos, que Belén le reclama, ya que se enteró de cuánto le habían pagado realmente a través del propio Rafael Amargo. Sin embargo, Amador responde que es ella la que le debe la comisión que nunca recibió por esa contrato, el 20% del caché. Ninguno de los dos puede demostrar nada con papeles, así que mal arreglo tiene la cosa.

Finalmente, se llegó al tema Rocío Carrasco, con la que Amador reconoce no tener relación. Insiste en que está mal aconsejada y recuerda lo que ocurrió con el pozo. Recordemos que Rocío Carrasco vendió un pequeño terreno donde se encontraba el pozo que abastecía de agua la finca que le tocó en la herencia a Amador, y no se enteró de la venta por su sobrina sino porque alguien se interesó por alquilar la finca y vio que ya no tenían acceso al agua.

Tras desmentir que fuese apartado de la gestión del museo de Rocío Jurado por haber pasado una noche de juerga en sus instalaciones, llegó el momento de la verdadera revelación de la noche: Amador no está conforme con la herencia de su hermana. Asegura que le ha molestado que Rocío Carrasco sea la heredera universal, ya que es él quien tenía que estar gestionando y mirando por la imagen de Rocío Jurado, como lo hizo durante tantos años, y no personas que no lo han vivido y no lo pueden hacer bien. “Me parece muy fuerte que yo, que he defendido los derechos de Rocío tantos años, no me dejen seguir mirando por su imagen”.

Asegura que hubiese preferido que no le hubiese dejado nada material, ni finca ni naves ni nada, pero que, por ejemplo, cuando lanzan un recopilatorio de su hermana en Navidad, poder supervisarlo él.

No salió tan trasquilado Amador como parecía suponerse en un principio, pero tampoco pudo mejorar su imagen ni aclarar las sombras que siempre se han cernido sobre su desempeño como representante. También nos quedamos sin saber los motivos del fracaso de su local “La más grande”  y tampoco dijo nada sobre las conquistas que se le han atribuido tanto durante su matrimonio como después.

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